Sábado, 25 de junio de 2011

Mi querida Ana María Foglia.

Demosle rostro a los miserables y ladrones.

Mara. Hasta ahora era algo genérico, “tus hermanos”. Luego des dimos sus verdaderos nombres: Daniel Alejandro Foglia, Adriana Myriam Foglia y Jorge Foglia (aunque el pobre de Jorge es otro incauto que se ha creído las mentiras de tu hermano Daniel inventadas al sólo efecto de justificar su robo), aprovechándose de mi dolor y de la confianza que le dispensé después de tu muerte porque quedé desorientado y sin fuerzas por ser el único que peleó por tu vida hasta tus últimos instantes. Y vos sabés bién que me jugué entero por salvarte.

Sinceramente admiro el poder de recuperación que han tenido tus hermanos. Con que facilidad han continuado sus vidas y como se han permitido cambiar nuestra historia pasada y arruinar mi vida presente, cuando en realidad Mara lo único que conocieron durante 40 años fue tu cartera y todo lo que podían sacarte. A eso agregale también 30 años de ayuda de mi parte.

No sabían como habías quedado después de tu primer cáncer, ni que yo salía corriendo en medio de la noche a causa de tus malestares, ni de tu estado de ánimo a causa de tus dolores. Y DECIAN QUE TE QUERIAN.

Había que pelear por sacarte adelante y yo me quedaba todas las noches buscando  información médica en Internet tratando de aprender para poder pelear a la par de los médicos. Releyendo a posteriori de tu partida los mails que te enviaba “tu querido hermano Daniel Alejandro Foglia” me encontré que cuando agonizabas y era necesario la lucha de todos, te enviaba mails idiotas que afortunadamente no podías leer tales como “Salió el Juicio a Caperucita Roja” y tus hermanos, viviendo a 10 minutos de casa ni siquiera te llamaban por teléfono. Que abandono Dios mío!!! Imberbes. Inmaduros. Desubicados. El único mérito de Daniel es ser un empresario inmobiliario del barrio de Monserrat (Capital Federal). A mí me basta el honor de haber tenido las suficientes agallas para pelear SIEMPRE por la vida de mis seres queridos.

Tal era la locura en mi lucha contra el cáncer, que me quedé toda una noche estudiando para tener información sobre una “medicación milagrosa” que nos habían recomendado y estaban aplicando en la esposa del socio de tu hermano. No habiendo obtenido datos positivos llamé desesperado al socio para avisarle que no había resultados tangibles respecto a la eficacia del medicamento y que extremara su atención. A posteriori de tu muerte, me enteré que la esposa, también había fallecido.

Tu hermana, “tu santa hermana Adriana Myrian Foglia”, para quién tenías una devoción sin límites justificó todo el dinero que nos quitó diciendo lacónicamente: “Si Mara trabajó toda su vida”. Y aparentemente eso le dio derecho a quitarte todo en tu vida y en tu muerte. Una persona que no fué capaz de buscar a su perro perdido, Lengo. Yó, sin tener nada que ver se lo busqué durante un año. Te acordas Mara cuando se nos perdió Chinita que mandé al diablo mi trabajo para buscarla. Y la traje a casa, sana y salva. Ya sé, para algunos la vida de un ser vivo, no es importante.

Así estoy hoy Mara, sin poder asumir tu muerte, sin poder comprender la miseria humana que son tus hermanos. Lo afirmo con todas mis fuerzas “Jamás se preocuparon por tu vida”, “Te dejaron morir sin brindarte ayuda”, “Te utilizaron cada día de tu existencia”.

Me corroe por dentro la impotencia del que, como vós, cumplió con lo que aprendió de sus padres. Ser honrado. Ser justo. Ser generoso. Luchar hasta su último aliento por la vida del otro.

Mara, nunca en 30 años de relación te pedí nada para nuestra pareja para que pudieras cumplir con lo que considerabas tu obligación de ayudarlos. Lo poco que llegaste a conseguir fué debido a que cansado que te robaran día tras día puse a tu nombre mi esfuerzo de toda la vida, que constituían nuestros ahorros para el futuro. Y quienes te robaron cada peso de tu trabajo durante 40 años inventaron la mentira de que les dejabas tu herencia (nuestro resto para mañana). Que herencia Mara, si nunca te dejaron juntar un peso. Te cansaste de decirlo a los 4 vientos.    

Tengo grabada a fuego una anécdota de tus últimos días que marca lo absurdo de todo esto. En tus últimos momentos vinieron a verte al sanatorio y luego fueron a comer. Vós por tu enfermedad no podías comer y te era imposible hacía varios días y yó por respeto no comía delante tuyo y cuando no me veías tampoco podía ingerir bocado. Aún recuerdo, y me dá asco, el verlos comer tranquilamente como si estuvieran en una fiesta. Que actitudes distintas, no Mara.

Aquí mando la foto de “tus hermanos”, justo reemplazo a los ladrones que crucificaron al lado de Cristo.

Jorge Castro

Capital Federal – Buenos Aires - ARGENTINA

Tu "hermano" Daniel Alejandro Foglia

 

 

 

 

 

 

 

 

Tu "hermana" Adriana Myriam Foglia

 

 

 

 


Tags: ana maria foglia, mara foglia, foglia propiedades, foglia

Publicado por robertryan @ 11:10
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios